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COVID-19 | Impactos en el desperdicio de alimentos

COVID-19 | Impactos en el desperdicio de alimentos

Las cadenas de suministro de alimentos son sistemas complejos con operaciones cuidadosamente organizadas, repartidas por todo el mundo. Los alimentos que compramos en nuestro supermercado, a menudo han tenido un viaje largo y ha sido monitoreado de cerca antes de llegar a nuestros supermercados. Por más encomiable que parezca, las redes avanzadas de suministro de alimentos de hoy en día no están exentas de deficiencias y no son inmunes a los tiempos de crisis.

Cualquier día normal, las deficiencias a lo largo de la cadena de suministro de alimentos y la gestión inadecuada en los hogares hacen que el 30% de todos los alimentos que se producen terminen como desperdicios.1 Sin embargo, las últimas semanas han sido de todo menos normales. A medida que la pandemia de COVID-19 altera nuestra vida cotidiana, también afecta a la forma en que se producen, obtienen y consumen nuestros alimentos.

EL IMPACTO DEL COVID-19 SOBRE EL DESPERDICIO DE ALIMENTOS EN LOS HOGARES

Según una estimación realizada en 2015, en países con unos ingresos más altos, alrededor de la mitad del desperdicio total de alimentos provienen de los hogares.1 Esto convierte a los consumidores en los mayores contribuyentes al desperdicio de alimentos. Como resultado de la crisis del coronavirus, los hábitos de compra de alimentos de los consumidores han cambiado drásticamente. Los viajes regulares al mercado para comprar comestibles se han reemplazado por almacenar grandes cantidades de alimentos no perecederos.

Es posible que el almacenamiento no genere desperdicio inmediatamente, pero en los próximos meses, grandes cantidades de alimentos almacenados en nuestras despensas podrían exceder su fecha de caducidad y terminar en la basura. Incluso cuando se compran en cantidades normales, los productos perecederos como el pan, los productos lácteos, las verduras y las frutas se encuentran entre los productos alimenticios más desperdiciados.2 La compra de estos alimentos en grandes cantidades con mucha probabilidad también aumentará su desperdicio.

LAS COSECHAS DE LOS AGRICULTORES DESPERDICIADAS

Además del comportamiento del consumidor, otros cambios en la cadena de suministro de alimentos también pueden causar el desperdicio de alimentos. Las restricciones del movimiento y la inmigración afectarán a la recolección de productos frescos de temporada. En Alemania, por ejemplo, los productores de espárragos blancos temen que su cosecha se pueda echar a perder este año porque a los trabajadores temporales de Europa del Este no se les dejen cruzar la frontera.3 Dependiendo de cuánto tiempo permanezcan las fronteras internacionales cerradas, otros sectores agrícolas, que emplean a inmigrantes como trabajadores, podrían enfrentarse al desperdicio de alimentos. 4

De la misma forma, debido al cierre de las empresas de catering y restaurantes, los agricultores y los proveedores para mayoristas se encuentran paralizados con cantidades considerables de productos frescos e ingredientes diversos. Los productores de patatas holandeses ahora deben lidiar con un millón de toneladas de patatas sin vender porque ya no se pueden vender a empresas de catering que las usan para hacer patatas fritas, un tentempié popular en el país.5 Las empresas ganaderas y pesqueras también deben recalibrar sus operaciones para adaptarse al cambio repentino en la demanda o correr el riesgo de que sus productos se desperdicien. A diferencia de los productos en conserva, cambiar el curso de las cadenas de suministro de alimentos perecederos es un desafío inmenso.

¿QUÉ SE ESTÁ HACIENDO PARA MITIGAR ESTOS PROBLEMAS?

La situación, sin embargo, no deja de tener un lado positivo. Si bien la escala de la crisis actual no tiene precedentes, también lo es nuestro acceso a la información y la tecnología. Desde usuarios en las redes sociales que comparten ideas para utilizar las sobras de comida hasta iniciativas lideradas por la comunidad para la redistribución de alimentos, los alimentos se tratan como un valioso recurso compartido. Las intervenciones innovadoras para garantizar la seguridad alimentaria y, a su vez, minimizar el desperdicio de alimentos, están apareciendo en todo el mundo.

Hubei, el epicentro del brote en China, terminó con varios miles de toneladas de alimentos sin vender.6 Después de que levantaran las restricciones de transporte el 25 de marzo, una gran parte de estos productos no se desperdiciaron porque personas de todo el país compraron rápidamente y se alivió la carga de Hubei. También han aparecido muchas iniciativas en países que se encuentran en otras etapas dentro de la pandemia. En los Países Bajos, se ha creado un mercado digital sin ánimo de lucro, para que los proveedores con exceso de existencias vendan sus productos directamente a los consumidores.7 El gobierno noruego está animando a quienes han perdido sus puestos de trabajo debido a la crisis a trabajar de forma temporal en el sector agrícola y reemplazar a los trabajadores inmigrantes esta temporada.8 Varias organizaciones como los parques de Disney en EE.UU. y supermercados en Bélgica han donado sus excedentes  a bancos de alimentos.9,10

Este tipo de adaptaciones nos muestran que, a través de la acción colectiva, somos capaces de provocar rápidamente un cambio sistémico. Es muy probable que la pandemia aumente el desperdicio de alimentos, pero también podría dejarnos con nuevas perspectivas e ideas para abordar el problema. A través de pequeñas acciones como comprar solo la cantidad que podemos consumir o apoyar iniciativas locales para reducir el desperdicio de alimentos, podemos ayudar a mejorar mucho la situación, durante la crisis del COVID-19 y mucho después de que termine.

¿Conoces alguna iniciativa social que esté redistribuyendo alimentos? Deja tus comentarios a continuación.

Los autores escribieron originalmente este artículo para el periódico holandés De Telegraaf. Aquí puedes leer el artículo original en holandés.