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Mayo 20, 2021 Silvia Lazzaris Por Silvia Lazzaris Mis artículos

COVID-19: ¿Una oportunidad para cambiar el sistema global alimentario? | Opinión

No he comprado comida en los supermercados, en persona o en sus sitios web, en cuatro semanas. El autoaislamiento, los estantes vacíos y la inaccesibilidad de los puntos de entrega me han obligado a buscar otras formas de obtener mi comida.

Irónicamente, las únicas personas que han demostrado ser capaces de hacer entregas a domicilio en Londres son pequeñas entidades o locales - agricultores, proveedores de restaurantes, y empresas familiares de distribución para mayoristas. He estado usando sitios interactivos como Neighbour food, que ponen a las personas en contacto directo con agricultores locales y productores de alimentos de todo el Reino Unido, para averiguar quién podría suministrarme comida cuando los grandes distribuidores como Ocado, Amazon, y las principales cadenas de supermercados no pueden entregar a la mayoría de la población. Durante el último mes, he recibido cajas de Smith & Brock y Bobtail Fruit cada semana, llenas de productos de proximidad como frutas y verduras de temporada y otros productos básicos como huevos y leche. Mi estómago nunca ha estado más feliz, pero ahora me queda una pregunta candente. Una vez que el coronavirus esté más contenido y mis opciones de compra de alimentos vuelvan a la normalidad, ¿debería volver a la forma en que compraba y consumía antes? Y lo que es aún más importante: ¿querré hacerlo?

El coronavirus quizás haya obligado a muchas personas como yo a experimentar con la manera en la que obtenemos nuestra comida. Como no siempre podemos acceder a todos los alimentos que deseamos, hemos tenido que recurrir a comer lo que está a nuestro alrededor. Estoy a merced de lo que otra persona decida poner en mi caja de productos, probablemente basado en lo que haya disponible y en stock esa semana. Mis cajas estaban llenas de patatas, zanahorias, cebollas, y unos repollos raros que nunca habría comprado en un supermercado.

Para mí la revelación más chocante ha sido que aunque pensaba que tomar conciencia de esta forma de comer - local y estacional – sería difícil, esta crisis me ha enseñado que, en realidad, hace mi vida más fácil. Hasta hace un mes, en una noche normal en Londres, podía haber optado por cocinar cualquier receta del mundo. Probablemente habría terminado eligiendo una receta para la que necesitaría comprar muchos ingredientes que no tenía en casa y que no uso a menudo. Pero aun así habría ido y lo habría comprado todo, habría cocinado con esos ingredientes esa noche y luego nunca volvería a usarlos algunos de ellos. No estaba orgulloso de mí mismo, e incluso puse notas en mi nevera con el texto: “¡No desperdicies!”.

De lo que no me había dado cuenta era que este problema tenía que ver con mi percepción de la disponibilidad ilimitada de alimentos. Ahora que el contenido de mi nevera lo deciden casi en su totalidad algunos agricultores y proveedores locales, toda mi capacidad intelectual se dedica a un proceso menos estresante pero más creativo para encontrar formas de combinar estos ingredientes - trabajar con lo que tengo para cocinar algo sabroso y no desperdiciar nada de comida.

PERO ¿ES POSIBLE COMPRAR SOLO PRODUCTOS LOCALES?

Hasta ahora, había confiado conscientemente en productos que venían importados de todo el mundo - aguacates, mangos, judías verdes, alcachofas - durante todo el año. Pero ahora he empezado a preguntarme si es posible llegar a ser completamente local en un mundo donde el sistema alimentario está interconectado de formas complejas que no puedo comprender por completo. Fue asombroso descubrir que tanto mi país de origen (Italia) como el país donde resido (Reino Unido) producen solo aproximadamente la mitad del total de alimentos consumidos dentro de sus fronteras. 1,2

Parece que las cadenas de suministro internacionales importan incluso lo que yo habría considerado productos locales. Una galleta fabricada en una fábrica británica puede tener sal procedente de China, la leche y trigo de algún país de la UE, el azúcar del Caribe y el cacao de Sudamérica. 3 Como italiano, me sorprendió descubrir que incluso muchos de los tipos de pasta denominados “made in Italy” ¡están hechos de trigo procedente de Francia, Canadá y Ucrania! 4 Además de eso, hay muchas formas en que los mercados de alimentos son interdependientes además de mover los alimentos: importando fertilizantes, mano de obra, medicamentos veterinarios, y piezas de equipos, solo por mencionar algunas. Entonces incluso si intentamos consumir lo más localmente posible, siempre habrá algún tipo de dependencia internacional. Esto no es intrínsecamente malo, ni nuevo - hemos dependido de especias extranjeras desde el apogeo de la Ruta de la seda, ¡y eso era ya en el año 2000 a. C.! 5

¿CÓMO AFECTARÁ EL COVID-19 AL SISTEMA GLOBAL ALIMENTARIO?

Sin embargo, al reflexionar sobre esto, tengo cada vez más curiosidad por saber cuánto el COVID-19 y sus efectos secundarios afectarán a la interconexión de nuestro sistema alimentario. Todo el mundo sigue necesitando comida, lo que significa que es probable que los mercados mundiales de alimentos se vean menos afectados que otros sectores por los efectos secundarios de la crisis del COVID-19. Sin embargo, incluso estos mercados están comenzando a encontrarse expuestos a interrupciones logísticas y cambios en la demanda. 6

El cierre de las fronteras de la UE ya está afectando a la movilidad de casi un millón de trabajadores agrícolas estacionales en los 27 países de la Unión Europea. Las prohibiciones y restricciones al comercio, así como los cuellos de botella logísticos, están perturbando las exportaciones de alimentos, lo que obliga a los productores a desperdiciar enormes cantidades de alimentos. 7

Lea Los impactos del coronavirus en el suministro de alimentos .

Muchos productores de países africanos, a pesar de la creciente demanda de sus alimentos por parte de los proveedores europeos, tienen dificultades para entregar pedidos porque se bloquean cada vez más envíos y las entregas internacionales se vuelven más caras. Reuters informó recientemente que en Kenia, uno de los principales exportadores de judías verdes y guisantes, tuvo que despedir a la mitad de sus trabajadores por estas razones. 8

Además de los problemas logísticos, muchos países han decidido imponer prohibiciones de exportación para asegurar que haya suficiente suministro y que los precios no suban demasiado dentro de sus fronteras. La ley de la oferta y la demanda puede ayudarnos a comprender estas medidas. Cuando la oferta es menor que la demanda, los precios tienden a subir. Si la demanda es menor que la oferta, los precios tienden a bajar. 9 Esto significa que, si la producción de un determinado producto se ralentiza a causa del coronavirus (los trabajadores se enferman o tienen que trabajar respetando las reglas de distanciamiento social) y la demanda se mantiene igual, los precios de ese producto tenderían a subir. Pero si un gobierno prohíbe o reduce las exportaciones de ese mismo producto, la demanda externa se reducirá, la oferta aumentará en comparación con la demanda interna del país y los precios en el país productor bajarán - al menos a corto plazo.

Varios países parecen haber adoptado este razonamiento a pesar de las recomendaciones de la FAO de evitar imponer barreras comerciales y proteger el flujo de alimentos en todo el mundo. Rumania se convirtió en el primer país en parar las exportaciones de grano durante la pandemia. 10La Comisión de Eurasia, que une las zonas aduaneras de Rusia (el principal exportador de trigo del mundo), Kazajstán, Bielorrusia, Armenia y Kirguistán, también decidió restringir las exportaciones de trigo sarraceno, semillas de girasol, arroz, centeno y soja y verduras como cebollas y patatas, hasta el 30 de junio. Molineros y panaderos de Ucrania han presionado al gobierno para que prohíba las exportaciones de trigo sarraceno hasta el 1 de julio para evitar un aumento en los precios internos del pan. Vietnam, el tercer exportador de arroz del mundo, suspendió las exportaciones de arroz. Camboya ha reducido las exportaciones de arroz y los comerciantes de arroz de la India han dejado de firmar nuevos contratos de exportación. Egipto también está a punto de detener la exportación de legumbres durante tres meses para asegurarse de que haya suficiente suministro local. 11-12 Al descubrir esto, me pregunté qué países se verían más afectados por estas medidas.

¿NOS AFECTARÁ ESTO?

La principal paradoja de esta situación es que las incertidumbres actuales del mercado no están ligadas a la escasez. La comida está disponible, solo es difícil moverla. Afortunadamente, para los europeos no debería haber grandes cambios, ya que el suministro de alimentos y el almacenamiento parecen bastante seguros. La relación entre la producción interna, la importación y el almacenaje debería encontrarse bien equilibrada en los países europeos - lo que significa que si no podemos obtener ciertos alimentos durante unos meses, especialmente cuando se trata de alimentos menos perecederos como cereales y legumbres, deberíamos poder seguir confiando en la producción y el almacenaje internos. Sin embargo, es posible que veamos un aumento de los precios de la carne y el pescado, y menos opciones cuando se trata de frutas y verduras -  especialmente aquellas que no son de temporada ni se producen dentro de la UE. 13

El coste real de una dieta saludable podría volverse más inaccesible para las personas con apuros financieros. Los verdaderos perdedores, sin embargo, serán esos 133 millones de personas en el planeta que ya sufrían de "inseguridad alimentaria aguda grave". La mayoría de estas personas viven en áreas rurales y dependen de la producción agrícola, trabajos estacionales en agricultura, pesca o pastoreo. Si enferman o se les impide trabajar la tierra, cuidar de sus animales, vender productos agrícolas o comprar suministros, tendrán muy poco a lo que recurrir. Puede que tengan que vender sus animales o barcos de pesca por algo de dinero o comerse todas las semillas que planeaban replantar. 14

Las personas con mayor riesgo viven en países como Etiopía, Kenia, Somalia, la República Centroafricana, la República Democrática del Congo y Sudán del Sur. Estos países dependen en gran medida de las importaciones para satisfacer sus necesidades, lo que significa que la imposición de restricciones a la exportación por parte de los principales países productores podría causar interrupciones significativas en el suministro y generar aumentos de precios. 15 Además de eso, en estos países la gente a menudo no puede pagar los alimentos que ellos mismos producen, porque nuestra demanda externa aumenta el precio a un precio inasequible.

Pero el coronavirus también ha creado oportunidades para algunas historias de éxito. En Kenia, por ejemplo, los pescadores locales han visto un impulso en las ventas internas como resultado de la desaceleración de las importaciones chinas de filetes congelados. Los pescadores se han quejado durante mucho tiempo de que las importaciones baratas de China estrangulaban el comercio local de Kenia. Sin embargo, como resultado de la crisis del coronavirus, una avalancha de clientes kenianos recurrió a la compra de pescado recién capturado en el lago Victoria. Desafortunadamente, debemos poner esto en perspectiva: Kenia pronto se enfrentará a la escasez de alimentos a menos que se reanuden las importaciones de China, ya que produce poco más de un tercio de lo que consume. 16 Sin embargo, podemos esperar que esta situación cree un legado para los kenianos, que podrían seguir comprando pescado fresco a sus pescadores locales también en el futuro.

Aprender sobre estas realidades podría ayudarnos a darnos cuenta de que, incluso si una crisis alimentaria no nos afectará de primera mano, tenemos un impacto directo en quienes están al otro lado de este sistema fuertemente interconectado. Entonces, sí, el coronavirus quizás no “nos” afecte tanto en los países de la UE, pero ciertamente “nos” afectará como miembros de una comunidad global.

¿CÓMO AVANZAREMOS?

Como miembros de esta comunidad global interconectada, creo que es hora de pensar en nuestros aguacates y judías verdes. ¿Realmente los necesitamos una o varias veces a la semana durante todo el año? ¿Tenemos derecho a excedernos solo porque nos gusta su sabor o porque encajan bien en nuestra dieta? A medida que este aislamiento me hace reflexionar para ser más paciente, me doy cuenta de que quizás no necesito tener toda la comida que podría imaginarme en cualquier momento del día esperándome en el estante del supermercado.

Si bien el COVID-19 sacude el mundo, ofrece un momento particularmente inusual para reflexionar sobre si queremos comenzar de nuevo exactamente de la misma manera, o si queremos que este cambio sea a largo plazo. ¿Es posible que todos podamos beneficiarnos de ser menos mimados, un poco menos exigentes y un poco más cariñosos?

Por supuesto, no existe un ganador absoluto en la batalla "local" contra "global", y no creo que sugerir un mundo en el que nos encerremos dentro de nuestras fronteras sea una forma deseable, o incluso realista, de avanzar. Ni para nosotros, ni para las muchas personas cuyas vidas dependen de que compremos los alimentos que producen. Sin embargo, me pregunto si es posible que todos nos beneficiemos del fortalecimiento de estas conexiones directas recién descubiertas con agricultores, productores y pequeños proveedores - locales y extranjeros - encontrando una nueva forma de apreciar la comida y empatía por quienes la producen.

No tengo ninguna de las respuestas; las preguntas ya son mucho más grandes que yo. Pero quizás, si todos aprovechamos esta oportunidad para la autorreflexión, juntos podremos encontrar la solución para un futuro más empoderador e inclusivo.

Mayo 20, 2021 Silvia Lazzaris Por Silvia Lazzaris Mis artículos
 

Referencias

  1. Grolla and Calabrese for La Stampa (2017). Nel paese del buon cibo, metà viene dall’estero. Accessed on 10 April 2020.
  2. UK Government Publications (2017). Food statistics in your pocket: 2017 global and UK supply. Accessed on 11 April 2020.
  3. Food Security UK. Your food is global. Accessed on 11 April 2020.
  4. Moscaritolo for Il Sole 24 Ore (2019). Il grano “made in Italy” basta appena quattro mesi all’anno. Accessed on 10 April 2020.
  5. Unesco. Did you know? The exchange of spices along silk roads. Accessed on 13 April 2020.
  6. Agricultural Market Information System (Amis) (2020). Market Monitor No. 77. Accessed 6 April 2020.
  7. Ansa (2020). Coronavirus: Coldiretti, aprire confini ai lavoratori agricoli. Accessed 6 April 2020.
  8. Miriri and Hunt for Reuters (2020). Fresh produce in Europe set to be more scarce as coronavirus strikes. Accessed 13 April 2020.
  9. Richard V. Eastin and Gary L. Arbogast (2011). Demand and Supply Analysis: Introduction. University of Southern California and CFA Institute. Accessed 14 April 2020.
  10. Vilcu, Medetsky, and Durisin for Bloomberg (2020). Food supply: fears are growing as Romania bans grain exports. Accessed 14 April 2020.
  11. See 6.
  12. Reuters for the New York Times (2020). Trade restrictions on food exports due to the coronavirus pandemic. Accessed 11 April 2020.
  13. See 6.
  14. FAO (2020). Our hungriest, most vulnerable communities face “a crisis within a crisis”. Accessed 9 April 2020.
  15. Espitia, Rocha, and Ruta for Vox EU (2020). Trade and the Covid-19 crisis in developing countries. Accessed 8 April 2020.
  16. Reuters (2020). Coronavirus provides unexpected boost for Kenyan fishermen. Accessed 7 April 2020.